Los sueños de Ámbar 01

Written by Edgar Rodriguez on Tuesday, August 07, 2007 at 12:07 PM

Ámbar, pequeña niña con poco menos de doce meses de existencia en esta tierra, duerme placidamente, sin preocupaciones ni preguntas trascendentales asediando su cabeza, descansa como sólo puede hacerlo un ser que desconoce o no le importan los problemas. La miro largo rato, intento contagiarme de su absoluta calma, en la cual no interesa el paso del tiempo ni las horas que faltan para levantarse y salir corriendo para llegar a tiempo al trabajo. Pienso en la duda que me viene asediando desde hace un par de meses, cada vez que miro (un corto o largo rato) dormir a Ámbar: ¿Qué estará soñando?

Sueño 01

Ámbar sueña un mundo en el cual todos comparten sus dedos. Por la calle, en el parque, en el transporte público, las personas se detienen o se sientan unas junta a otras y extiende sus pulgares para beneplácito de bocas ajenas. Hay muchos dedos gordos para chupar, nunca están de más, ni hacen falta, porque la gente es libre de ofrecer y chupar los dedos de quien quiera. Y no hay psicólogos ni mucho menos libros de Freud en los cuales se explique la etapa oral y se intente dilucidar el origen de esta fijación, ha nadie le importa si los demás chupan dedos por que les falta seguridad o cariño o cualquier otra cosa. No hay inhibiciones a la hora de chuparse los dedos unos a otros, por que nadie comprende el significado de una palabra tan extensa. Todos duermen placidamente con sus pulgares o los del vecino en la boca, reconfortando y brindando confianza. Y hay pulgares de muchos colores y tamaños, hay algunos más sucios que otros, pero a nadie le importa eso, por que las enfermedades tampoco existen en este mundo. La existencia en realidad se reduce a la felicidad y tranquilidad que brinda el tener un dedo, no importa de quien, en la boca.

Sueños robados - En el camino - Kerouac

Written by Edgar Rodriguez on Friday, July 27, 2007 at 12:32 PM

Se hacía noche, Daniel y yo caminábamos por la carretera de cuota que va de Chilpancingo a Acapulco, ningún auto se paró a recogernos, era absurdo, todo era absurdo; ese viaje sin planes ni destino , nuestro equipaje, creer que alguien nos levantaría, la discusión con Daniel, la carrera frenética por el acotamiento hasta caer rendidos por el cansancio; esa noche él juró que moriríamos.
Ahora hay demasiada seguridad a mi alrededor, las cosas fluyen lento. Miró el periférico desde un ventanal del tercer piso, es noche, hay poco tránsito. Recuerdo el viaje con Daniel, un escalofrío me impele, la aventura, la vida, están allá afuera; pienso en Dean Moriarty, ese loco recorriendo Estados Unidos de un lado a otro, incapaz de mantenerse quieto, balbuceando historias, evidenciando la existencia de Dios: “Si, si, si…” una y otra vez mientras la música se eleva y el vértigo lo envuelve todo. Suspiro, trato de reprimir la voz, es difícil, Kerouac renueva mis anhelos ocultos, que gritan: ¡Mete el acelerador! Esto se esta tornando estúpidamente lento, todo es tan incómodamente ordinario. Me veo atrapado en la redes de una felicidad costumbrista. “El hombre animal de costumbres” ¡Falacia! Ingenuidad teórica de un sociólogo convencido de que las cosas deben ser de algún modo preciso. El hombre posmoderno prefiere escapar, abusar de lo diferente, como Dean. Caminar lentamente, complacido con una vida de medianas comodidades, no es opción. ¡Acelera carajo! Quiero sentir el aire en la cara, ver pasar las opciones a toda velocidad, sin escoger ninguna. No quiero la paz, no quiero la aburrida tarjeta postal de familia feliz. Quiero mis pensamientos a 200 kilómetros por hora, sin precisión, sin seguridad, sin ideas fijas, con el universo por delante escupiéndome en el rostro, demostrándome en cada curva que no se nada, que soy un imbécil, que nunca llegare a la meta. Que “se hace el camino al andar”, al correr se hace el camino. ¡Mete el acelerador!
Suspiro, miro ese libro viejo, arrugado, húmedo, la Biblia del movimiento beat. Cada aventura es una parábola, esta el profeta Dean y todos sus discípulos, entre ellos Sal, encargado de escribir sus evangelios. Cada viaje es un búsqueda, el camino el medio para descubrir ESO que nadie sabe qué es, pero está ahí, en alguna parte, esperando ser descubierto, por eso es necesario no detenerse, seguir en la carrera. Y es hermoso, pasar hambre, estar al borde de la carretera, ignorar que pasara después, mirar cada paisaje, pueblo, persona, diferentes, llenos de magia simplemente por estar ahí, pasando a nuestro lado, compartiendo esta locura.
Daniel y yo no morimos aquella noche, conseguimos levantarnos y caminar hasta la caseta, donde abordamos a dos camioneros que nos llevaron. Contemplamos el amanecer con los pies descalzos en la arena; lo habíamos conseguido, estábamos en una de las playas mas sucias e inseguras del país, con hambre, sucios, sin dinero para un hotel; pero fue un momento memorable y sabíamos que ahí en Acapulco, en ese viaje, estaba ESO que no supimos que era, pero nos hacia en ese instante supremamente felices y dueños del mundo; como el profeta Dean Moriarty, como toda esa desolada y frenética generación de escritores y su Biblia, escrita por Kerouac.

Peroratas utópicas - ¿De quién son los cuentos?

Written by Edgar Rodriguez on Tuesday, July 24, 2007 at 3:47 PM

Alguien me comento aquí hace poco: “No creerás que toda la información que ves en la red es cierta, verdad?” No, no lo creo, menos si viene de un chino, menos si se llama Zhenli Ye Gon, menos si habla mal del honorable estado mexicano y sus altos (y también honorables desde luego) funcionarios. ¡Es un chino mentiroso! Es decir, si al menos fuera mexicano se lo perdonaríamos no es cierto. Pero tenía que tener lo ojos rasgados, hablar un idioma extraño y haberse enriquecido a nuestras costillas, usurpando un puesto que cualquier mexicano decente podría haber ocupado: millonario empresario vinculado con el narcotráfico. Puros cuentos chinos, que nadie se traga por que contienen demasiados elementos (cartas misteriosas, cambios de celular, amenazas, extraños contactos en restaurantes, todo una argumento digno de una novela negra, el que quiera verlo aquí esta la carta: http://www.eluniversal.com.mx/notas/437166.html). En cambio los cuentos mexicanos son mas eficientes, basta un yo no fui (al más puro estilo de Pedro Infante), un yo no se nada, un quien sabe, un silencio eterno. Estoy de acuerdo, los argumentos de Ye Gon son poco creíbles, nadie los cree. En cambio los cuentos que nos contó el PRI por 70 años, los de Fox, los de Madrazo, Peña Nieto, Calderón, Elba Esther, AMLO y un largísimo etcétera, eso si nos los creemos. Hace falta, para que los cuentos no sean cuentos, que sean publicados por un medio de comunicación respetable, que tal Televisa? O si prefieren TvAzteca, igual da. ¿Dónde esta la verdad? No creerás toda la información que ves en la tv es cierta, verdad? Y la de la radio y la de los periódicos, la de la Jornada, la del Reforma (quien hace poco tergiverso un hecho insignificante pero que me consta por estar involucrado), la del Sol de México, la de Proceso, la de todo lo que se escribe o se esta por escribir en este momento por cualquier persona, sea el periodista más reconocido o el desconocido más iluminado… A quién le podemos creer en estos tiempos? En quién podemos depositar nuestra confianza? En la Biblia?? Si, pero en cuál? La Guadalupana, la Reina Valera, la Alfonsina, por mencionar algunas. Podemos vivir en un mundo si certezas? En el que la palabra del vecino siempre será digna de descrédito igual que la propia. Tal vez podamos confiar en algunos filósofos, finalmente ellos buscan la verdad. Pero entre todos ellos hay contradicciones, siempre las habrá. Estamos solos, ante un mundo lleno de información cuestionable párrafo por párrafo… Y si fuera cierto todo lo que dice el chino, si aunque sea chino es posible que diga “la verdad” o al menos parte de ella, ¿porqué nos espantamos tanto de que alguien externo venga a decirnos que nuestro sistema político esta hecho una porquería, lleno de corrupción y malos manejos? Por que recordemos, los cuentos son de todos, son míos y son tuyos y de cada mexicano, chino, judío, árabe, argentino o africano. La libertad de expresión es eso, le derecho irrestricto a mentir y decir cuentos. No, no creo que toda la información que veo en la red sea verdad, como tampoco creo que los sea toda la de la radio, televisión y prensa, ni tampoco lo que cuenta Zhenli Ye Gon. Pero leí su carta y sus declaraciones y sospecho tanto de que son mentira como de que son ciertas, por que así como no me trago todo su cuento, tampoco me trago todo el cuento oficial, ahí hay algo turbio, es probable que nunca lo sepamos, es bastante probable que en unos meses los medios nos regalen un cuento con final feliz: el chino a la cárcel, los políticos mexicanos implicados libres y un expediente enterrado Dios sabrá donde. ¡Dios!, el es quien sabe toda la verdad, pero nunca nos la dirá, esta demasiado ocupado administrando sus negocios (quise decir iglesias).

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